NABAANA, CUARESMA ZAPOTECA

Aunque este año lo tengamos que hacer en casa, la Nabaana o cuaresma zapoteca, siempre ha sido un tiempo para la unión, remembranza y la reflexión en el Istmo de Tehuantepec. Una celebridad que entreteje las costumbres originarias y los ritos católicos introducidos en tiempos recientes.
Compartimos un texto de Gabriel López Chiñas para la revista Neza, en marzo de 1936.
NABAANA, CUARESMA ZAPOTECA
Se acerca la primavera y con ella la semana santa, síntesis de las fiestas religiosas del Istmo. En esta época el istmeño ausente vuelve el pensamiento a la raíz de su vida y encuentra fresca en la trémula rama del recuerdo la más pura flor de su infancia.
El paisaje abandonado resucita, avanza y llega al corazón. Entonces el hombre se hace niño y el panorama pedregoso del transito se cubre con una exuberancia de Paraíso. Es cuando la provincia de dilatados horizontes se instala en nosotros con sus fiestas y sus colores.

El Mal del Pinto

Los hombres y mujeres del Istmo de Tehuantepec, hemos resistido epidemias en siglos pasados.
Compartimos con ustedes la transcripción de narraciones orales de Eraclio Zepeda, realizadas por Víctor de la Cruz para la revista Guchachi’ Reza (Iguana Rajada) n° 8, en septiembre de 1981.
EL MAL DEL PINTO
Por allá por 1770 apareció de pronto, como una mala flor antigua una enfermedad hasta esos momentos poco vista en Chiapas y en el Istmo: el mal del pinto. Y se extendió bastante. Coincidió con un gran hambruna, y hubo hambre tres años seguidos. Cuando apareció aquella enfermedad los médicos locales decían que era por haber comido lagartija, por la falta de mejores alimentos. Y empezaron a hacer grandes estudios para (ver) quien había producido tal cosa, quien era el pagano. (Continúa en las imágenes).